01 | Escribir como depurador
Pero tristemente, he de confesar que leer no es mi afición favorita; no por tanto nada gratificante ni entretenido, simplemente no es algo que se me da bien, no a comparación que escribir como depurador. Estos años atrás, las palabras me han estado diciendo más de sus significados escondidos, de lo que era realmente su valor, y no ha sido tarea fácil entender que sencillamente no había aprendido a comprenderlas. Ahora es todo diferente. Los discursos acerca del arte y sus variantes me han hecho realizar que las letras de cada oración denotan diferentes sentidos, al igual que a la hora de analizar una composición -y el propio hecho de compararlo con otro elemento que me es más familiar facilita las cosas-. La acción dice mucho de sí misma; el valor y la paciencia de iniciar un proyecto, sin saber ciertamente lo que se quiere decir, con miedo y inseguridad; como todo lo que hago.
Al abrir los ojos después de unos segundos observando la hoja o la pantalla -porque a día de hoy ya da igual en que soporte lo hagas-, y ver que tus pensamientos están finalmente plasmados, presentes. El resto del viaje es personal: romper, quemar, deshacer, guardar, preservar, ensalzar, enseñar... Lo que cada uno haga con su obra el incumbencia del creador, personalmente, mis pensamientos siempre son míos y en la acción de mostrarlos pierden un poco de esa pureza mágica que siempre refleja. Para mi, enseñar mis textos es un acto voluntario y de valor, ya que la mayoría de veces temo por la crítica -aunque suele ser siempre positiva-. La cosa es que existe el interés en comunicar, en plasmar.
" Des de siempre he tenido el referente de mi madre, adicta a la novela romántica ambientada en la sociedad británica del s. XVIII y a sentir el gramaje de las páginas impresas en sepia... "
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